SIETE AÑOS DE REALIDAD ONÍRICA EN EL RAMÓN SÁNCHEZ PIZJUÁN, BAJO LA MANO DE JOSÉ MARÍA DEL NIDO BENAVENTE
Jueves, 28 de mayo de 2009
28 mayo de 2002. El Sevilla FC comienza una nueva era de la mano de José María del Nido. La Entidad vive un momento complicado, pese a que la buena gestión de Roberto Alés ha logrado estabilizar la nave. La meta es la permanencia, los dichosos 42 puntos, la estrella es un canterano que despunta y el gran problema a superar, una pesada losa económica que supera los 40 millones de euros. El cargo presidencial requería un hombre con arrestos que impulsara al Club hacia delante, un tipo que no se amedrentrara ante la adversidad. Y ahí apareció él, osado, con un discurso grandilocuente que algunos tachaban de excesivo y que el tiempo ha hecho real.
Han pasado siete año desde entonces, justo siete años, y el Sevilla FC es otra realidad completamente diferente. Han sido siete años de ficción, siete años de película, de sueños increíbles de alcanzar, de gestas y éxitos que una afición acostumbrada a la mediocridad no podía siquiera imaginar. Ya es famosa la historia de aquella servilleta en la que José María del Nido, en una cena con amigos, apuntó cuáles iban a ser sus logros a conseguir en sus dos mandatos presidenciales. Con tinta y letra precisa se refirió a sanear la Entidad, ganar la UEFA, la Copa y la Liga… Una locura, pero una locura real como más tare demostrar el tiempo, haciendo buena la máxima de que aquel que no sueña nunca puede lograr sus anhelos.
En siete años el Sevilla ha sufrido una excepcional metamorfosis. A diferencia de Gregorio Samsa, el Club nervionense no ha deformado su aspecto ni se ha aislado de los que lo rodean, sino que se ha convertido en una Sociedad poderosa, con un peso más que destacable en Europa. No son sólo los títulos, ni que el equipo fuera el mejor del mundo en 2006 y 2007, lo mejor de todo es que la filosofía de gestión empresarial que imprimió Del Nido a su llegada ha calado hondo en el la realidad futbolística continental.
Siete años de magia real han puesto a Nervión en el epicentro del mundo del fútbol. Siete años de éxitos y de proyecto valiente y sin complejos, siete años de decisiones complicadas y muchas veces impopulares. No era fácil renovar a Caparrós en diciembre de 2002 con el equipo en el descenso, justo antes de ir al Camp Nou, pero se le renovó. No era fácil vender a Reyes, el buque insignia del equipo, justo antes de la semifinal copera, pero se vendió. No era fácil dejar escapar a Baptista y Sergio Ramos, pero no se pusieron trabas. Tampoco era fácil decir adiós a Caparrós tras cinco años magníficos y dar un giro al proyecto, pero se hizo igual… Fueron medidas que desataron críticas, en ocasiones discursos apocalípticos, pero al final siempre triunfó el proyecto, resumido en una frase simple pero que engloba mucho significado en la forma de gestionar la Entidad: lo único imprescindible en el Sevilla es el escudo, la bandera y la afición.
Obviamente, la evolución del equipo desde mayo de 2002 tiene tintes surrealistas. Triunfo en todo este tiempo el Sevilla y triunfó sobre todo la ambición de un presidente que se ha sabido rodear de ejecutivos altamente capacitados para estructurar una Sociedad que ahora tiene rumbo fijo e inexorable. Ha recibido muchas palmadas en la espalda y también muchos palos por esgrimir siempre un discurso ávido e insaciable, pero ahí están los resultados. Ese hombre que algún día dijo que Rivaldo tenía que abrocharle las botas a Reyes, el mismo que habló de ganar la primera UEFA sí o sí, el que aseguró que lo mejor estaba por llegar cuando todo el mundo pensaba que se había tocado la cima, el que sin miedo pronosticó en la previa de la primera final de Mónaco que David iba a tumbar a Golliat, lleva siete años dirigiendo un Club que desde que conoció su mando, guste o no, no ha vuelto ser el mismo. La gloria ahora se bebe a tragos largos en el Ramón Sánchez Pizjuán, quién lo diría en ese mayo de cuando el sillón presidencial era una patata caliente que casi nadie se atrevía a agarrar.
Sevillafc.es
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